La IA no está en la «nube»: Exposición invita a descubrir las tierras raras que hacen posible la inteligencia artificial

La IA no está en la «nube»: Exposición invita a descubrir las tierras raras que hacen posible la inteligencia artificial

«Bajo nuestros pies: las tierras raras de la IA» explora las dimensiones materiales, ecológicas y territoriales que sostienen las tecnologías digitales contemporáneas.

¿Qué tienen en común una pantalla digital, un plato de cerámica de Lozapenco y un jarro mapuche del período Pitrén?

La nueva exposición Bajo nuestros pies: las tierras raras de la IA, desarrollada por los investigadores de Diseño UC y del Núcleo Milenio FAIR, Manuela Garretón y Martín Tironi, revela cómo estas tres tecnologías emergen de un mismo territorio y de una misma historia material y terrestre.

La muestra invita a repensar la inteligencia artificial desde su condición terrestre. Frente a la imagen dominante de la IA como una tecnología inmaterial que habita en la “nube”, la exposición explora las infraestructuras, minerales y procesos geológicos y geopolíticos que hacen posible su existencia. Lejos de flotar en un espacio abstracto, los algoritmos y dispositivos digitales que configuran cada vez más nuestra cotidianidad dependen de recursos extraídos de territorios concretos y de relaciones ecológicas que suelen permanecer invisibles.

A partir de una investigación desarrollada durante tres años en la localidad de Penco, en el sur de Chile, la exposición explora el papel de las tierras raras y las arcillas en la historia tecnológica de este territorio.

El recorrido se articula en torno a tres objetos —una pantalla digital, un plato willow producido por Lozapenco y un jarro mapuche de más de mil años de antigüedad— que permiten observar continuidades y tensiones entre lo ancestral, lo industrial y lo digital. Desde el territorio de Penco, la muestra conecta una historia y tensiones locales con los desafíos globales de la inteligencia artificial.

“Las tecnologías que hoy asociamos al futuro dependen de materiales que provienen de historias sociales, geológicas y ecológicas profundamente antiguas. La exposición busca hacer visible esa condición terrestre de la inteligencia artificial y abrir preguntas sobre las formas de habitabilidad que estamos construyendo”, señalan sus autores.

El proyecto forma parte de una agenda de investigación desarrollada por Tironi y Garretón que busca reconocer las interdependencias planetarias de la IA. Esto implica comprender que sus infraestructuras dependen de minerales, energía, agua, territorios y ecosistemas específicos, y que los debates sobre innovación tecnológica están inseparablemente ligados a cuestiones ecológicas, sociales y políticas.

La investigación combina trabajo etnográfico, diseño, visualización de datos y exploración territorial para desarrollar lo que sus autores denominan métodos de aterrizaje o de arraigo terrestre. Es decir, metodologías orientadas no solo a representar fenómenos complejos, sino también a cultivar una sensibilidad terrestre capaz de reconocer las relaciones entre comunidades humanas, ecosistemas, minerales e infraestructuras tecnológicas.

Más que una exposición sobre minería o inteligencia artificial, Bajo nuestros pies es una invitación a observar el suelo que nos sostiene. Al conectar un territorio específico con las infraestructuras digitales globales, la muestra recuerda que toda tecnología tiene una geografía, una historia y una huella material. En tiempos de acelerada expansión de la IA, propone una pregunta fundamental: ¿qué mundos terrestres hacen posible nuestras tecnologías y qué responsabilidades emergen de esa dependencia?

Bajo nuestros pies: las tierras raras de la IA invita así a «terrestrializarnos»: a descender desde la abstracción digital hacia las capas materiales que sostienen la vida contemporánea y a reconocer que el futuro tecnológico también se juega bajo nuestros pies.

En tiempos de expansión acelerada de la inteligencia artificial, Bajo nuestros pies nos invita a mirar más allá de pantallas y algoritmos para preguntarnos qué territorios, ecosistemas y formas de vida sostienen las tecnologías que imaginamos como el futuro.

En una época marcada por profundos desafíos tecnológicos y ecológicos, la muestra propone volver la atención hacia el suelo que habitamos y reconocer que la pregunta por la inteligencia artificial es también una pregunta por la habitabilidad del planeta.